EL INTESTINO Y NUESTRA SALUD

El intestino es uno de los órganos claves para la salud global de las personas, en él encontramos la mayor cantidad de células de defensa de todo el organismo, especialmente en el colon derecho. Igualmente, el 96% de la serotonina (también llamada “hormona de la felicidad”) se sintetiza en este tramo.

Estos dos ejemplos dejan clara la relación directa de nuestro intestino con nuestro sistema inmune y nuestro cerebro.

Llevar en el tiempo una alimentación desequilibrada con exceso de proteína animal, abundantes azúcares de rápida asimilación y déficit de fibra, no sólo tendrá un efecto directo en el intestino manifestándose con una disbiosis en el ecosistema bacteriano, placas de putrefacción, hongos etc… sino que tendrá también un efecto indirecto sobre el resto del organismo.

Como resultado comenzaremos a sobrecargar nuestros órganos encargados de la eliminación, fundamentalmente hígado, riñones y sistema linfático. Por ello, es muy importante una alimentación que favorezca el equilibrio de nuestro ecosistema bacteriano y aprender a tener una buena gestión del estrés, el cual se ha comprobado ya científicamente, que provoca disociación enterocítica o lo que es lo mismo, permeabilidad intestinal.

Pero de nada sirve incorporar determinados alimentos en nuestra dieta, si antes no eliminamos aquellos que están dañando directamente nuestro intestino.

MÁXIMAS A TENER EN CUENTA EN NUESTRA SALUD INTESTINAL

-EVITAR todos los alimentos precocinados, aditivos, lácteos comunes y aceites de poca calidad.

-EVITAR los alimentos refinados (bollería, repostería, dulces en general, harinas blancas) y sustituirlos por alimentos completos o integrales.

-EVITAR los edulcorantes artificiales y la sacarosa o azúcar común.

-REDUCIR al máximo el consumo de proteína animal y cuando se consuma, deberá de ser de máxima calidad. (Consumir con mucha moderación la carne grasa y el marisco).

-En afecciones degenerativas o crónicas, evitar el trigo y valorar sustituirlo por centeno y avena.

-Consumir la fruta con el estómago vacío, es decir, fuera de las comidas y nunca de postre (en este último caso genera fermentación en el estómago).

-Los vegetales crudos deberán suponer no menos de 1/3 de la alimentación diaria.

-Como fuente de proteína optar mayoritariamente por fuentes vegetales como las legumbres, quinoa (contiene todos los aminoácidos esenciales) y semillas de cáñamo (contiene todos los aminoácidos esenciales) y como fuentes animales inclinarse mayoritariamente por el pescado y huevos de máxima calidad.

-Incluir grasas saludables como son el aceite de oliva virgen extra (1ª extracción en frío), aceites vegetales de 1ª extracción en frío y uso exclusivo en crudo, semillas, frutos secos sin salar ni tostar y aguacates.

-Beber agua de baja mineralización y hacer algún tipo de actividad física que nos ayude a mantenernos en forma y a gestionar bien el estrés.

-Comer con un estado mental relajado y masticar muy bien el alimento (la digestión comienza en la boca).

-Llevar a cabo, al menos 1 vez al año, algún tipo de programa de limpieza o detoxificación orgánica (con esto no estoy hablando de dietas a base de zumos y batidos verdes).

 

Y por último, comentaros que las excepciones no afectan a unos buenos hábitos, y si se tiene un estado de salud óptimo podemos seguir la REGLA del 80/20, dejar un 20% de nuestra dieta para consumir determinados alimentos que quizá no son los más adecuados, pero que en pequeñas dosis no repercuten en nuestra salud y nos producen cierto placer!

Hay que saber compensar y tener moderación, que como en cualquier faceta de la vida, en ella está la virtud.

 

 

 

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